domingo, 8 de noviembre de 2015

SOCIOLOGÍA HERBERT MARCUSE



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Para qué queremos una revolución si no conseguimos un hombre nuevo? Jamás lo he entendido. ¡Para qué? Naturalmente para lograr un hombre nuevo. Este es el sentido de la revolución, tal como lo veía Marx, no la revolución burguesa.
Herbert Marcuse nació en Born en 1898. Después de estudiar literatura, se interesó por la filosofía, trasladándose a Friburgo para asistir a las clases que impartía Heidegger. Pero fue la lectura de Marx, en especial de sus Manuscritos económico-filosóficos, la que produjo un giro radical en su pensamiento, acuciado más por una necesidad derivada de la situación política en Alemania (el fracaso de la revolución simbolizado en el asesinato de Karl Liebneckt y Rosa Luxemburgo y el afianzamiento del nacionalsocialismo que auguraba la victoria del nazismo y el fracaso de una política socialista), que por una elección personal. Efectivamente, la clase obrera alemana fue incapaz de detener a Hitler, por lo que su ascenso no se entendió como un hecho aislado o accidental, sino que fue interpretado por los intelectuales, especialmente por los integrantes de la Escuela de Frankfurt, como un estadio derivado del desarrollo del capitalismo tardío. A esta escuela llegó Marcuse en 1932, a través de Kurt Riezler, amigo de Heidegger y de Horkheimer.
Fundada por un científico judío vinculado al radicalismo marxista, la Escuela de Frankfurt comenzó su andadura como parte del Institut für Sozialforschung, el Instituto de Investigación Social, dedicado a estudiar los movimientos obreros, revisar las teorías de Marx y analizar desde una perspectiva interdisciplinar (filosofía, ciencias sociales, epistemología, etc.) distintos problemas sociales, sobre todo los concernientes a la situación de Occidente y a su contrapartida comunista. El Institut se enfrentó tanto al capitalismo burgués como al socialismo bolchevique, criticando las filosofías que los justificaban: el positivismo y el marxismo ortodoxo.
Como miembro de la Escuela de Frankfurt, también denominada Teoría Crítica, Marcuse colaboró en todos los proyectos interdisciplinarios que tendían a configurar un nuevo modelo de teoría social. Trasladada a la Columbia University (New York) en 1934, la escuela, dirigida por Horkheimer, mantuvo viva la tradición de los intelectuales de izquierda y sirvió de referencia a todos los movimientos emancipatorios. Su análisis crítico estaba claramente orientado a la transformación del mundo, a una praxis social que desoculte el tipo de racionalidad sobre el que se asientan las sociedades modernas industrializadas, sean liberales o socialistas, racionalidad que tiende a mantener y confinar al mundo en su estado existente.
La Teoría Crítica asume que el teórico es un elemento endógeno a la realidad que interpreta y que pretende transformar. Su relación con ella es dialéctica, porque es parte constitutiva de la sociedad que pretende conocer: toda cultura, pertenece a una estructura ideológica que tiende a perpetuar el sistema que las genera, desviando las acciones individuales de la emancipación así como de la propia comprensión de la realidad en la que se encuentran sumergidos. La Teoría Crítica pretende liberar a los individuos de estas formas ideológicas de dominio.
Marcuse encontró en Freud la posibilidad de una praxis subversiva que desenmascarase cómo son los propios individuos los que inconscientemente reproducen e internalizan la represión de las sociedades capitalistas y comunistas, echando a perder toda revolución. Después de trabajar en la OSS (Oficina de Servicios Secretos) de EE.UU. para luchar contra el fascismo, Marcuse publicó Eros y civilización (1955), en la que sintetizó el pensamiento de Marx y Freud, eliminando el pesimismo de éste último que en su obra El malestar de la cultura, afirmaba que inevitablemente toda civilización estaba estructurada sobre la represión y el sufrimiento. Para Marcuse, los dos instintos fundamentales de la teoría freudiana, Eros y Thánatos, no desembocan inevitablemente en sistemas opresivos. En el propio inconsciente del hombre se encuentra la posibilidad de instaurar una sociedad no represiva que se fundamente en la liberación de los instintos, mediante una autosublimación de la sexualidad del Eros. Todo producto y actividad cultural (arte, filosofía, etc.) evidencia un impulso inconsciente en el hombre hacia la libertad y la felicidad, capaz de instaurar una nueva sociedad no represiva, en la que no se produzca un superávit innecesario de trabajo, ni restricciones innecesarias en la sexualidad, ni enajenación alguna, mediante la liberación de aquellos condicionantes históricos y sociales que reprimen el principio del placer:
“La lucha por la existencia necesita la modificación represiva de los instintos principalmente por falta de medios y recursos suficientes para una gratificación integral, sin dolor y sin esfuerzo, de las necesidades instintivas. Si esto es verdad, la organización represiva de los instintos se debe a factores exógenos –exógenos en el sentido de que no son inherentes a la ‘naturaleza’ de los instintos, sino que son producto de las específicas condiciones históricas bajo las que se desarrollan los instintos”.(Eros y Civilización).
Queda abierta la posibilidad de que, mediante una praxis adecuada que cambie esos condicionantes, la sociedad pueda llegar a ser libre y no represiva, valores que se desarrollaron en la Contracultura de los sesenta y de los que Marcuse se convirtió en su abanderado político.
En 1964 escribió una obra extremadamente crítica con las sociedades capitalistas y comunistas avanzadas: El hombre unidimensional. En ella denunciaba que la aparente libertad de los sistemas democráticos escondían subrepticiamente muy sutiles y organizadas formas de represión y control social, que impedían el desarrollo del potencial revolucionario y transformador.
Las sociedades industriales avanzadas se sirven de la cultura, los medios de información, la publicidad, el arte, e incluso la filosofía para reproducir y perpetuar el sistema existente, impidiendo que surja dentro de él la oposición, la crítica y la negatividad. Anticipándose a toda doctrina del “pensamiento único” y de la “globalización”, Marcuse denuncia la unidimensionalidad, la homogeneidad aplastante del pensamiento y la acción, esferas castradas de todo impulso transformador, crítico y revolucionario. Falta una verdadera conducta opositora, una cultura disidente orientada a la emancipación de las estructuras represivas y “unidimensionales”.
En contra de los postulados marxistas ortodoxos que veían en el propio desarrollo del capitalismo la consecución de su propia crisis y en la clase obrera, el proletariado, un potencial revolucionario que traería necesariamente una sociedad sin clases, Marcuse cree que el capitalismo había fagocitado la posibilidad emancipatoria de la clase trabajadora a través de una venenosa “tolerancia represiva”, una política estable basada en el “bienestar” y en el control social absoluto cada vez menos identificable.
Por este motivo, la esperanza de una liberación y de la consecución de una sociedad abierta y libre, deja de estar en manos del “proletariado”: son las minorías no integradas, los grupos marginales y radicales los únicos que pueden llevar a cabo una oposición radical y una verdadera emancipación. A estos grupos prestó su ayuda Marcuse, alimentando una nueva izquierda contraria al marxismo ortodoxo y radicalmente crítica y opositora contra el establishment.
En sus escritos posteriores, Tolerancia represiva (1965), Ensayo sobre la liberación (1969) y Contrarrevolución y revuelta (1972), Marcuse se dedicó a vertebrar un pensamiento abiertamente crítico con el liberalismo y alentador de todo movimiento social revolucionario, lo que le granjeó la enemistad del ámbito académico más oficialista. Denunció así mismo, que el movimiento de los sesenta había generado una reacción conservadora y contrarrevolucionaria enmascarada bajo una apariencia liberal y permisiva. Esta postura enormemente crítica de sus escritos provocó que no pudiera seguir trabajando como profesor en la universidad de Brandeist, por lo que tuvo que marcharse a California (La Jolla), donde vivió retirado dedicándose a dar conferencias, articular grupos radicales, publicar artículos, etc., bajo una perspectiva marxista y libertaria.
Hacia el final de su vida, Marcuse dio un giro hacia la estética con su obra La dimensión estética (1979). En el arte se esconde un potencial enormemente revolucionario y emancipatorio que se proyecta hacia la meta de una sociedad más libre y menos represiva.
Hasta el final de sus días (muere en 1979), Marcuse fue uno de los intelectuales de mayor influencia en Estados Unidos, importancia que se fue eclipsando a medida que de desvanecían aquellos movimientos y grupos radicales de izquierda a los que él prestó su apoyo, y en razón de la clara postura neoconservadora de las sociedades contemporáneas. No obstante su obra, muchos de cuyos escritos inéditos se hallan en la Stads Bibliotek de Frankfurt, supone una de las más críticas y y positivas aportaciones de la Escuela de Frankfurt. En palabras de Lubasz, que celebró una conversación con Marcuse emitida por la BBC de Londres, la Teoría Crítica a la que pertenecía Marcuse se opuso “al primado de la producción de mercancías, a la dominación carente de sentido, a la irracionalidad, a la manipulación, a la opresión. Al margen de todo lo que, por lo demás, pueda decirse de la Escuela de Frankfurt, una cosa parece cierta: ha sido fuente de inspiración del pensamiento político crítico de nuestro tiempo. Es un ejemplo de filosofía radical”.
Elena Diez de la Cortina Montemayor
ele@cibernous.com

 

PENSAMIENTO MEDIEVAL



TOMADO DE http://www.xtec.cat/~jgonza51/segundo/antiguo4.htm





Pensamiento Medieval   

La Edad Media va desde la caída de Roma el año 476 d. C. hasta el Renacimiento, ya en el siglo XV. Es un milenio que se suele calificar como teocéntrico porque en él Dios ocupa el centro de la vida intelectual. Se pasa del predominio de un discurso racional al predominio de un discurso religioso. El pensamiento se ocupa de la relación entre la fe cristiana y la razón, más concretamente, se estudia la adaptación de la filosofía griega a los dogmas cristianos. La tutela religiosa de la cultura queda reforzada por el hecho que la Iglesia es la única institución estable en medio de los constantes conflictos políticos que debilitan el poder civil. Por ello, el saber y la creación cultural se refugian en los monasterios sobre todo durante los primeros siglos.

               

Los escritos de primeros pensadores cristianos (la apologética) buscan defenderse frente a las persecuciones y exponer las ideas básicas del cristianismo para combatir las herejías. Rechazan todo aquello que consideran pagano y, en concreto, la filosofía que es asimilada al error y la falsedad. La única verdad es la revelada por Dios.

Pasada esta fase, a la razón se le da el papel de instrumentos válido al servicio de la fe. Agustín de Hipona (354-430), una de los padres de la Iglesia (la patrística), hace la primera gran síntesis entre cristianismo y pensamiento griego, en concreto, con el platonismo, ya que era la filosofía que tenía más posibles puntos de contacto con el cristianismo.

Se produce un desplazamiento de la actividad cultural y científica a Oriente. En el año 529 el emperador Justiniano clausura las escuelas filosóficas de Atenas y los filósofos se marchan llevándose las obras clásicas a Oriente. En estos textos la filosofía de Platón y Aristóteles se fusionan provocando equívocos en su interpretación cuando en el siglo XIII sean recuperados en Occidente.

Mientras tanto, el pensamiento cristiano ha fijado su credo básico y para transmitirlo funda la escolástica formada por las escuelas monacales primero y después por las catedralicias que darán lugar a las primeras universidades. En ellas se reinicia poco a poco la reflexión y el debate filosófico aunque siempre dentro de los límites de la interpretación de que de la Biblia han hecho los Padres de Iglesia.

En el siglo XIII la recuperación de parte de la obra Aristóteles de manos del filósofo árabe Averroes (1126-1198) causa un gran impacto en la universidad de París. Se genera una gran controversia pues se encuentran con una explicación meramente racional, que no recurre en ningún momento a la revelación, de todas las cuestiones que acucian al ser humano. En un primer momento las ideas de Aristóteles se persiguen por heréticas pero Tomás de Aquino (1225-1274), un monje y filósofo dominico, adapta el pensamiento aristotélico al cristiano proporcionando la segunda gran síntesis entre éste y el pensamiento griego. Tal éxito tendrá que su síntesis, denominada aristotélico-tomista, que se convertirá en el libro de texto oficial durante el renacimiento y en el nuevo dogma de fe cristiano.

Sin embargo a lo largo del siglo XIV cada vez surgen más voces reclamando una separación entre razón y fe, filosofía y religión, y reivindicando la autonomía de cada una de ellas. El ejemplo más relevante es la filosofía nominalista de Guillermo de Ockham (1295-1350) Se inicia un proceso de secularización de la cultura y se abandona todo intento de racionalizar la fe, es decir, se reconoce que la razón es una vía diferente de conocimiento que la fe. La experiencia como modo de conocimiento va obteniendo cada vez más importancia en detrimento del valor tradicionalmente atribuido a la deducción y a la autoridad, hecho que contribuirá decisivamente al impulso de nuevo de la ciencia.


XXXX San Agustín es el máximo exponente de la filosofía cristiana durante el período patrístico y uno de los más geniales pensadores de todos los tiempos. Mejor que ningún otro logra la síntesis armoniosa entre platonismo y cristianismo. Su filosofía religiosa y su doctrina teológica tiene un influjo decisivo en la Edad Media y el San Agustín sentado en el scriptorium. Miniatura. Anónimo del siglo XV. Ms Vat. Lat. 451 (II parte), fol. 1r.Renacimiento, tanto en el aspecto teológico como en el social. Influyó en todos los ámbitos: dogmático, político, místico, de reforma, etc.

—El momento histórico

XXXXX Desde el punto de vista Político: había terminado las persecuciones, el Estado apoya a los cristianos, pero se entromete en las cuestiones religiosas. Los bárbaros invaden el Imperio romano.

XXXXX Desde un enfoque Cultural: desde Marco Aurelio y Plotino, no surgen grandes pensadores paganos (Libanio, Símaco, Macrobio y Claudio son de segunda categoría).

XXXXX En cambio surgen las grandes figuras de la literatura cristiana: Clemente, Orígenes, los Capadocios, Jerónimo, Hilario, Ambrosio, etc. Religión: se suceden las grandes herejías (arrianismo, donatismo, pelagianismo, nestorianismo, etc., que influyen en la obra de Agustín).

—Fuentes del pensamiento filosófico de San Agustín

XXXXX Conocía muy bien a Cicerón. El "Hortensio" le influye decisivamente. Sus filósofos preferidos eran Platón y Plotino, aunque conoce mejor a Porfirio, al que también admira.

—Doctrina del conocimiento

XXXXX—Problemas de epistemología

XXXXXA la pregunta sobre si conocemos la verdad, responde con su crítica al escepticismo.

XXXXXA la pregunta sobre cómo la conocemos, responde con su doctrina de la iluminación, que sustituye a la doctrina de la reminiscencia de Platón y a la doctrina aristotélica de la abstracción.

XXXXX—Critica del escepticismo: el hombre conoce la verdad

XXXXX Agustín prueba que el hombre no puede dudar de su existencia en el mismo momento en que se plantea esta posibilidad: si soy capaz de preguntarme si existo, es que existo.

XXXXX También afirma que si el hombre es capaz de dudar, es que la verdad existe, puesto que la duda es una señal de que existe algo que es verdadero, aunque yo ahora no lo conozca como tal.

XXXXX La discordia entre los filósofos, indica al menos una verdad: que la discordia existe.

XXXXX Por otra parte, es falso que los sentidos nos engañen. El engaño puede provenir de la enfermedad de los sentidos. Pero cuando están sanos, no engañan.

XXXXX Además, el escepticismo es sumamente dañino en el terreno moral, porque conduce al relativismo, y a la disolución de la sociedad.

XXXXX—Mecanismo del conocimiento: doctrina de la iluminación

XXXXX Según San Agustín existen tres tipos de conocimiento:

    El sensitivo: se realiza por el alma a través del cuerpo, de manera, por tanto, mediata.
    El conocimiento de las leyes del mundo físico por medio de la razón inferior; esta función de la razón da origen a la ciencia de las cosas temporales.
    El conocimiento de las verdades eternas (ya sea algunas ideas como la justicia, la bondad, la belleza, etc., o ya sea —Gilson— la misma verdad en el juicio); este proceso se llama iluminación y es un nuevo modo de explicar lo que Platón explicaba por medio de la preexistencia de las almas y la doctrina de la reminiscencia; esta función superior de la razón da origen a la sabiduría de las verdades eternas y a la vida contemplativa.

XXXXX Es claro que el hombre debe dar preferencia a esta última función (conocimiento de las verdades eternas), como María; a riesgo de caer en la avaricia (radix omnium malorum) y en el orgullo (initium peccati), si sigue el camino de Marta que conduce al egoísmo, el individualismo y la anarquía de la civitas diaboli.

XXXXX—Fe y Razón

XXXXX Antes de su conversión Agustín era un racionalista convencido. Despreciaba la Sagrada Escritura, con su lenguaje infantil, decía, y antropomórfico. Despreciaba las enseñanzas de la Iglesia y toda autoridad que no fuera la razón. Por eso se adhirió al gnosticismo de los maniqueos.

XXXXX Después, admitió plenamente el papel de la fe que conduce a la verdad plena que no podemos obtener con la sola razón. El cristianismo es la verdadera filosofía. Razón y Religión deben ir siempre unidas. Cfr. De utilitate cedendi    y De vera Religione.

—La filosofía del lenguaje

XXXXX San Agustín trata del problema del lenguaje en el De Magistro y en De Doctrina christiana. En estas dos obras explica que las palabras no son fuente de conocimiento, porque las cosas naturales las conocemos por la visión y las sobrenaturales es Cristo mismo el que nos las da a conocer. Las palabras son un instrumento para recordarnos lo que ya hemos conocido. Son un signo convencional (también hay signos naturales).

XXXXX La Sagrada Escritura es Palabra de Dios y está en el marco de los signos. El sentido de la Escritura puede ser literal (inmediato) o alegórico (nos da a conocer una realidad más allá de lo que las palabras quieren significar inmediatamente).

XXXXX San Agustín afirma que las palabras son signo de las cosas, pero también en ocasiones dice que son signo del pensamiento.

XXXXX Respecto al lenguaje teológico, San Agustín dice que podemos hablar de Dios con nuestro lenguaje humano porque Él es el que ha creado todas las cosas, pero sobre todo porque ha creado al hombre a su imagen y semejanza. Nuestro lenguaje es apto, por tanto, para hablar de lo divino (las ideas no tienen subsistencia en sí mismos sino en Dios), aunque no es posible hablar de Dios de manera plenamente adecuada, porque es inefable.

—Problemas de cosmología: origen del mundo, del tiempo y del mal

XXXXX—El fundamento de la filosofía agustiniana: la interioridad

XXXXX Para Agustín sólo dos cosas tiene que conocer el hombre: el alma y Dos. A partir de ahí conocerá toda la realidad. Aristóteles había buscado la verdad en la realidad. Agustín la busca en la interioridad. "Ubi Deus ibi homo" decía Agustín. Pero podría haber dicho también "ubi homo ibi Deus". Es la filosofía de la interioridad.

XXXXX La existencia de Dios la prueba por la presencia de verdades eternas en el alma humana, que requieren la existencia de una razón suficiente: Dios. Y la naturaleza trinitaria de Dios también la explica mediante la analogía con el alma humana que tiene mens, amor, notitia.

XXXXX—Origen del mundo

XXXXX Al principio, Agustín pensaba que el mundo era una emanación de Dios. Después de su conversión, comprende que ha sido creado por Dios. La expresión "in principio" la interpreta como "en el Logos" (según las ideas arquetípicas que se encuentran en el Hijo), de la nada y por su bondad.

XXXXX—El problema del tiempo

XXXXX Platón concebía el tiempo como la imagen móvil de la eternidad. Aristóteles como la medida del movimiento. Agustín como la duración de una naturaleza finita que no puede existir toda contemporaneamente. El pasado y el futuro existen porque el presente no puede ser un presente siempre: es un presente que pasa. El presente se distingue en esto de la eternidad: es un nunc transiens; en cambio la eternidad es un presente que no pasa: es un nunc stans.

XXXXX Sólo en nuestra mente se encuentran presente pasado y futuro: la memoria (presente del pasado), la intuición (presente del presente) y la espera (presente del futuro). En el alma es donde se mide el tiempo.

XXXXX El universo es finito y sucesivo. Por lo tanto tuvo que tener un origen en el tiempo y no en la eternidad.

XXXXX—Las razones seminales

XXXXX Son las virtualidades puestas por Dios en la creación, que se van desarrollando en el tiempo. Son las semillas de todas las cosas futuras, que son desveladas y puestas por obra gracias a la actividad de las creaturas.

XXXXX El porqué de las razones seminales es el mantener la simultaneidad de la creación (como dice la Biblia) y que sólo Dios puede crear.

XXXXX—El problema del mal

XXXXX Lo trata San Agustín en su polémica con los maniqueos que sostenían un principio del mal junto a un principio del bien. Agustín afirma que sólo hay un Dios bueno, creador del Cielo y de la Tierra, y que el mal viene al mundo por la misma limitación de la creación y, sobre todo, por el pecado (mal moral).
TOMADO DE http://www.xtec.cat/~jgonza51/segundo/antiguo4.htm
TOMADO DE http://www.rodin.org.mx/patrologia/agu/agustin_m06.html